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Fue un momento mágico, difícil de olvidar y que quedará guardado
junto a sus más grandes hazañas.
Diego convirtió su gol de penal y después de gritarlo de cara a su hinchada
se levantó la camiseta de la selección argentina para mostrar la Boca,
su gran amor. A partir de ese momento es estadio entró en éxtasis ya
nadie pudo contener las lágrimas, solo hubo tiempo para disfrutar de
la fiesta. La gran fiesta que armó el propio Diego y la gente.
A partir de ese momento el estadio entero le pidió que juegue con la
de Boca y Diego cumplió. Se sacó la camiseta de la selección y jugó
con la camiseta que le había regalado Riquelme.
A los 35 minutos del segundo tiempo la hinchada de Boca empezó su propio
show de fuegos artificiales y el partido se detuvo. Diego caminó lentamente
hasta quedar cara a cara con su gente y ahí no pudo contener la emoción
se tomó la cara con sus dos manos y las lágrimas empezaron a brotar.
Todos los jugadores se acercaron y lo levantaron en andas.
Cuando todos pudieron detener las lágrimas el partido siguió un poco
más. A pesar del dolor de su rodilla Diego pedía todas las pelotas y
no quería dejar de jugar, de divertirse.
En el minuto final el árbitro marcó penal y fue el marco perfecto para
cerrar el partido, Diego volvió a engañar a Higuita y todos los jugadores
fueron a festejar su gol.
Diego fue hasta el centro de campo de juego donde recibió una plaquetas
de manos de Mauricio Macri y quedó solo junto al micrófono para hablarle
a su gente. Con sus brazos apretándose el corazón Diego dijo: "Esto
es demasiado, nadie podía imaginarse esto. Es mucho más de lo que uno
podía esperar. Es genial, se lo deseo a cualquier jugador del mundo.
"Esperé tanto este partido y ya terminó. Siempre traté de ser feliz
jugando al fútbol y hacerlos felices a ustedes. Creo que lo logré, pero
esto es demasiado para una persona, para un jugador de fútbol y se los
agradezco con el corazón. Ojalá que no termine nunca esta fiesta".
Luego pidió un fuerte aplauso "el más fuerte" para todos los jugadores
y también para el entrenador del seleccionado nacional, Marcelo Bielsa,
y el presidente de la AFA, Julio Grondona. No dudó en nombrar a la Bombonera
como "el templo del fútbol" y dijo haber visto que "muchos caudillos
se cagaron en esta cancha. No hay cancha como ésta para disfrutar, para
presionar a los rivales. Le agradezco a Dios que haya creado la Bombonera".
Finalmente, dedicó a sus hijas Dalma y Gianinna, a su familia y a sus
padres "todas estas emociones". Diego dejó el micrófono y comenzó a
dar una vuelta olímpica junto a sus hijas.
Diego se detuvo en cada rincón de la Bombonera y frente a su gente no
pudo detener sus lágrimas. Ni él ni nadie.
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