Mientras Diego
se sigue preparando para su partido homenaje, una versión le paralizó
el corazón: jugar la final intercontinental frente al Bayer Munich,
en Tokio el 27 de noviembre.
La primera reacción de Diego fue de sorpresa, pero ya que estaba
se animó a soñar: "Sería como estar al lado de Jesucristo.
Le agradezco al que se le ocurrió. Estoy loco de alegría.
Yo estoy yendo de sorpresa en sorpresa, hace unos meses la gente pedía
por mail que sacaran la camiseta 10 de la Selección y parecía
que era imposible. Pero el milagro se dio y hoy estamos a un paso de que
la saquen. Ahora esperaré otro milagro. Más no le puedo
pedir al Barba".
"Juro por mis hijas que no lo soñé. Pero si se da, me muero.
Es un milagro. Que algún iluminado se haya acordado de mí,
es suficiente, que más quiero. Con esto me alcanza y me sobra.
Ya soy feliz. En una de esas (Carlos) Bianchi o (Mauricio) Macri dicen
'Déjense de joder', y tienen razón. pero le agradezco de
corazón al que se le ocurrió".
Cuando se le sugirió que podría ingresar en los últimos
minutos para tener la pelota el 10 sacó su más fina ironía:
"Me como la pelota, me tiro encima y no me la saca nadie. Pero si vamos
a pedir, quiero jugar más tiempo y no los últimos cinco
o diez minutos".