Don Diego, el célebre Chitoro de los asados,
revivió junto a Martín Arévalo del diario
Olé, los días de la niñez de Diego y
cómo ayudó a formar al que sería el más
grande. Y aclaró: "Es aún mejor hijo que
jugador".
No le costó recordar. Lo tiene todo ahí, muy
vigente. Pero se emocionó tan fácilmente que
pareció que su memoria le pedía permiso al corazón
para narrar cada uno de los momentos vividos junto a Diego,
el más famoso de sus ocho hijos, el jugador de fútbol
más grande de todos los tiempos.
Don Diego Maradona (76 años) o Chitoro, apodo que trajo
desde su correntina Esquina natal cuando trabajaba como lanchero,
se soltó como nunca ante la entrevista exclusiva de
Olé y habló de todo: desde que Diego era Pelusa
hasta el Diego de nuestros días.
"Decidí llevarlo a Argentinos cuando Goyito Carrizo
me presentó a Francis Cornejo. Goyito vivía
a cinco cuadras de casa y su papá me dijo: ''¿Por
qué no lo llevás a Dieguito? Goyito está
entrenando ahí...''. Y al final me decidí. No
me olvido más. Fue un miércoles lluvioso, de
mucho barro, tanto que nos tuvimos que ir del polideportivo
de Las Malvinas hasta Parque Saavedra para poder hacerlo jugar.
- ¿Tenías en claro
lo que llevabas a Las Malvinas?
- Tenía la idea de que Diego era bueno porque toda
la gente grande del barrio me decía "este pibe
los va a salvar", mientras asiente con la cabeza, por
sus ojos se asoman las primera lágrimas. Y eso que
en Fiorito lo veían poco... Yo no lo dejaba jugar mucho
porque le pegaban cada patada... Desde el primer día
me esforcé para que no perdiera entrenamientos. Por
eso salía una hora antes de mi trabajo. Cuando entrenábamos
en Las Malvinas veníamos en el colectivo 44 y cuando
íbamos a Saavedra nos tomábamos el 28 y luego
el 135.
- Contame eso de que no lo dejabas
jugar por la zona de Azamor y Mario Bravo.
- Y, no, porque él tiraba caños, hacía
jueguito y le daban duro (se ríe con ganas). El primer
equipo de Diego fue el mío, Estrella Roja. Ahí
ya hacía de las suyas.
-¿Cornejo nunca te agarró
y te dijo algo así como "este pibe es de otro
planeta"?
- No, hablábamos poco. A Francis le importaban mucho
los pibes. Yo me ponía en una esquina del alambrado
y lo único que miraba era a mi hijo, lo disfrutaba.
Sonreía cuando Diego la llevaba atada a la zurda, cuando
esquivaba a los rivales o la paraba de pecho y metía
un cambio de frente...
-¿Y en alguna noche de lindos
sueños se te ocurrió pensar que Diego iba a
ser el mejor de todos los tiempos?
- No, no imaginaba que iba a ser el mejor. Sí creía
que iba a llegar a Primera, pero igual no estaba seguro. Es
una cosa que nadie puede imaginar. Todos soñamos...
- Cuando llegó a Primera sentiste
que el sueño se cumplía...
- Lo que pasa es que yo pensaba hasta en el baño. Me
preguntaba y me respondía solo: "¿Será
un Pelé o qué será?" Esa pregunta
nunca tenía una respuesta justa: Yo decía "no
sé qué será pero Diego va a ser bueno,
seguro". Y pensar que fue mejor que Pelé... Y
más reconocido, porque a Pelé sólo lo
conocieron en Brasil.
-¿Y qué te decía
la Tota (su mujer, hoy de 73 años) cuando le comentabas
que Diego iba a ser buen jugador?
- Tota sólo me decía: "Vos no descansás
nunca". Porque yo trabajaba toda la semana en Tritumol,
una fábrica de molienda de huesos. Entraba a las 5
de la madrugada y llegaba muy de noche (llora). "Y bueno,
a mí me gusta", le decía yo. Cuando Diego
llegó a Primera salimos del suburbio, por decir de
alguna manera.
-¿Qué más hacías?
- De todo, je je. Si hasta le lustraba los zapatos. Me levantaba,
le hacía el café con leche, Diego siempre amanecía
medio dormido... Así todos los días. Jugaba
en todos lados, ni la Tota ni yo queríamos que se perdiera
un partido. Vivíamos tranquilos: tengo hermosos recuerdos
de la niñez de Diego y sus hermanos.
-¿En Fiorito le regalaron
la primera pelota, no?
- Sí, se la dio su primo Beto, que ya falleció.
Esa pelota la hacía hilacha. Venía del colegio
y se iba a jugar a una canchita, un potrero. Ahí amontonaba
a los pibes y jugaba por horas. Volvía de noche, y
a veces lo íbamos a buscar.
-¿Nunca fue de hacer esas
pelotas de trapo con medias?
- A él siempre le gustó que las pelotas picaran
para hacer mejor sus travesuras (se ríe). Pero igual
le sacaba las medias a la Tota y las rellenaba con papel mojado.
Pateaba y rompía todo, je. Cualquier cosa le venía
bien.
- 20 de octubre de 1976...
- El día del debut, cómo olvidarlo. La Tota
lo despidió en la puerta de casa, un departamento que
Argentinos nos alquiló en Villa del Parque. Yo pedí
permiso en el trabajo para salir antes y llegar al partido
con Talleres. Y en la cancha le pedí a un conocido
que le avisara que ya estaba ahí. Me paré en
la tribuna y disfruté como cualquier papá que
ve feliz a su hijo.
-¿Le tomaste cariño
al Bicho?
- Y, sí. Yo había venido unos años antes
de Corrientes y toda mi familia era boquense. Yo siento la
camiseta de Boca, pero a Argentinos lo quiero mucho por Diego.
-¿Antes de fichar en Argentinos
lo quisieron de River, no?
- Estábamos en Parque Saavedra, se me acercó
un dirigente y me pregunto: "¿Usted es el padre
del 10?". Cuando les respondí que sí me
ofreció 1.500 pesos si lo dejaba jugar en River. Era
una fortuna. La plata la necesitábamos pero yo le dije:
"Acá está bien. Si va a River y fracasa,
¿qué le digo yo a mi hijo?".
-¿Y el pase a Boca?
- Cuando se empezó a hablar de que lo quería
Boca yo le dije: "Diego, me gustaría verte con
la azul y oro". Y se dio, por suerte.
- Para los argentinos, el segundo
gol a Inglaterra es especial. ¿Te animás a revivirlo?
- Yo estaba en los palcos con Lalo. Después del pase
de Enrique, cuando Diego empezó a gambetear, uno, dos,
tres..., y a medida que se acercaba al arco, yo le gritaba
a Lalo: "¡Qué le pasa a éste, qué
espera para patear!". Yo veía que se caía
y me desesperaba... Al final concluyó la obra. Te voy
a decir algo: lo lindo de esto es que la gente no se emociona
con el gol, sino que se emociona con la manera en que Diego
ama a su bandera. Lo demostró siempre.
-¿Es cierto que una penitencia
de Diego consistió en dos semanas sin tocar una pelota?
- Yo quería que estudiara y no lo podía lograr.
Un día le dije: "O estudiás o no tocás
más una pelota". En lugar de aprender se ponía
a jugar a la pelota con las maestras (se ríe). El tema
es que como tenía de cómplice a una maestra,
los boletines siempre venían bien. Y una vez la directora
nos dijo la verdad. Por eso digo que haberlo dejado 15 días
sin jugar fue un momento especial.
-¿Y otros que recuerdes?
- Y, el homenaje fue hermoso: los jugadores de todo el mundo
y la gente demostraron que lo aman. También cuando
lloró en Italia porque los italianos chiflaron nuestro
himno. Y siempre recuerdo cuando íbamos a pescar en
lancha a Esquina. El llegaba, agarraba una carpa y nos íbamos
a acampar y a pescar una semana entera en busca de algún
surubí. Tampoco olvido los asados...
- Según Diego vos sos el mejor
asador del mundo.
- Siempre me lo dice... Ves, hablando aparecen momentos imborrables:
como en México 86, y en Trigoria, en el 90. Me acuerdo
de los asados con el plantel. A Diego le encanta el asado
de tira y la ubre como achura. Bien abiertita y finita acompañada
con ensalada de papa y huevo o rusa. Lo único que no
recuerdo son los momentos tristes, como cuando lo dejaron
fuera del Mundial 94.
-¿Qué cosas especiales
te hizo vivir ser el papá del mejor futbolista de todos
los tiempos?
- Gracias a Diego, el cariño de la gente me hizo vivir
en el aire. Si hasta firmé autógrafos. Es raro
que todos te saluden. Me preguntan sobre fútbol pero
trato de no opinar, porque él ya no juega más
y me pueden malinterpretar.
- Surge un talento y lo comparan
con Diego. ¿Qué pensás?
- Pasa seguido, y no es lindo porque así le meten presión
al pibe. Ojalá saliera otro Maradona, pero... Las comparaciones
son feas. Sé que si Diego jugara hoy sería impagable.
El hacia jugar al equipo, al compañero. Hay jugadores
que tienen esa fantasía de sacarse uno de encima pero
hacen calesita. Diego hacía la gambeta e iba para adelante.
Yo creo que no hay ninguno como Diego. Igual hay muy buenos,
como Tevez. Es un tipo duro, juega bárbaro.
- Hubo un día en que pensaste
que Diego no jugaría más.
- Sí, fue terrible. Cuando lo lastimaron en el colegio
Don Bosco pensamos que se le terminaba la carrera. Diego era
fuerte pero la patada lo había dejado a la miseria.
Por esto, y por todo, digo que no fue fácil su llegada
a Primera. Cuando estaba en Inferiores, algunos le decían
a Cornejo que Diego era sólo un malabarista. En ese
entonces Coca Cola tenía concursos de chicos que hacían
jueguito, y yo pregunto, ¿quién salió
de algún concurso así? El tiempo te enseña
a vivir... Diego se mató para llegar.
- Y si lo tuvieras enfrente, ¿qué
le dirías hoy a Diego?
- Le agradecería por ser aún mejor hijo que
jugador de fútbol. Lo que siente por su familia es
ejemplar. Muchos padres quisieran tener un hijo como Diego.
El se ocupó de que todos sus hermanos estuvieran bien.
Veía que nos faltaba algo y ni siquiera había
que pedírselo, porque enseguida lo teníamos.
Nos compró hasta la casa. Y siempre dice que fue grandota
porque en Fiorito estabámos muy apretados.
-¿Un deseo para él?
- Me gustaría que estuviera trabajando en lo que ama.
Y otra cosa es que el mundo del fútbol le hiciera un
monumento en Ezeiza, que es el lugar por donde pasan todos
los jugadores. Es feo que en un lugar donde se respira fútbol
no haya nada de él.
-¿Y cómo lo simbolizarías?
- No sé, quizá con una pelota.