Hoy se cumplen veinticinco
años del debut de Diego Maradona en Argentinos Juniors. Fue
ante Talleres de Córdoba. Diego dejó su sello de entrada:
le hizo un caño a Juan Domingo Cabrera.
Tiene otro color el debut a los 15. Porque se es demasiado pibe
a los 15 para jugar en Primera. Y, a veces, a los pibes, la responsabilidad
los abruma, los paraliza. Porque el sueño de la Primera suele
ser más largo, más ansioso. Y tuvo suerte Diego porque
debutó a los 15, justo diez días antes de sus 16.
Y así el impacto fue mayor. Claro, fue mayor porque después
resultó ser Diego Armando Maradona, el más grande
jugador de la historia. Y cuando alguien toma semejante rango todo
importa sobre él. Lo deportivo, lo verdadero. Y también
lo otro, lo personal, aunque no quiera, aunque no corresponda, aunque
lo hiera. Así son las reglas, al cabo. Y Pelusa, el pibe
de Fiorito, tuvo que aprenderlo, a los golpes, porque sin que él
lo supiera anidaba en su interioral duende que lo transformaría
en Diego Armando Maradona, el más grande de todos.
El debut, entonces, es también un detalle épico de
su carrera inigualable. Por eso se agolpan ahora los testigos de
aquel partido como si aquella presencia en la humilde canchita de
Argentinos Juniors, en Juan Agustín García y Boyacá
significara una condecoración. Por eso muchos se suman subrepticiamente
y hasta se pueden contar por millones los asistentes a aquel choque
contra Talleres del miércoles 20 de octubre de 1976. Porque
ya es leyenda. Y como las leyendas se recrean están permitidas
las exageraciones.
Sin embargo, hay una historia real que dice que Argentinos buscaba
posición detrás de Newell''s en una de las zonas de
aquel torneo Nacional de 1976, mano a mano con Ferro. Y que Talleres,
aquel Talleres lujoso de Valencia, de Oviedo, del Hacha Ludueña,
de Bocanelli, había iniciado ya la racha de victorias (terminó
en nueve consecutivas, lo mejor de su historial) en busca del ascenso
hasta la punta. Juan Carlos Montes, el técnico de Argentinos
ya le había echado el ojo al pibe de la zurda prodigiosa
que Francis Cornejo, el descubridor, había depositado (antes
de los tiempos naturales) en la tercera. Porque ya habían
ocurrido los estragos futboleros de los famosos Cebollitas en los
torneos Evita. Pero el pibe de Fiorito se había enojado mal
con un árbitro de la división y debió purgar
cinco fechas de suspensión.
Entonces, la ilusión se demoró algo más de
un mes. Pero Montes perseveró y en la tarde del martes 19
le dijo a Diego que iría al banco de suplentes de Primera.
Habría que penetrar en el alma de un pibe de la Villa, de
un jugador, en la vigilia del bautismo futbolero (aun entre los
suplentes) para entenderle el glorioso sueño de la noche
previa. Diego salió a la cancha con la camiseta 16.
Y sufrió con sus compañeros cuando Ludueña
marcó el gol visitante al promediar la primera etapa. Talleres
era superior. Argentinos no encontraba la pelota. "Haga lo que sabe,
sin miedo..." le debe haber dicho Montes cuando le dio la orden
de entrada para el segundo tiempo en reemplazo de Rubén Giacobetti.
Y Diego hizo lo que sabía tras recibir la primera pelota:
le metió un caño a Juan Domingo Cabrera. Ese caño
cuando después la historia se cubrió de laureles
quedó como un emblema, y Cabrera como el prócer inmolado
y punto de referencia obligatorio en cualquiera de los recordatorios.
Jugó bien, Diego. Con el desparpajo de quien se siente seguro
de sus virtudes. Pero no logró transformar el resultado.
Ni él ni Gette, ni Fren, ni Ovelar, sus compañeros
de entonces. Perdió aquel partido Argentinos (1-0). Y Maradona
masticó la frustración con la misma bronca con la
que (14 años después) lloró la derrota ante
Alemania en la final de Italia 90. Porque si entre todos sus méritos
de futbolista excepcional hay uno para destacarle ese es el de la
fidelidad con su esencia.
Argentinos le alquiló entonces la casita de la calle Argerich,
en el barrio de Agronomía. Allí celebró con
su familia el cumpleaños 16 como jugador titular de Argentinos
Juniors, diez días más tarde. Y allí empezó
a tejer sus más caras ilusiones. Como esa de jugar en Boca
junto con sus hermanos Hugo y Lalo, en ese tiempo dos purretes de
pantalones cortos. Y la de ponerse la camiseta número 10
de la Selección. Y la de jugar un Mundial. El sueño
no contemplaba, todavía, el paso siguiente por Europa. Ni
las maravillas que desparramó en Barcelona y el trato agridulce
que recibió. Ni la consagración conmovedora en Nápoles,
con dos scudettos inéditos, hasta empardar la veneración
de San Genaro, el patrono de la ciudad. Ni el Mundial de México,
ni los goles históricos a Inglaterra, ni el título
de campeón mundial, ni la corona del mejor jugador del mundo,
ni la carga de ser la persona más conocida del planeta, ni
la vuelta a Boca, ni las presiones, ni las tentaciones, ni el fantasma
de la adicción, ni los acosos, ni los dedos implacables de
sus fiscales, ni la veneración del pueblo futbolero.
No, era muy temprano. Aquel sueño adolescente sólo
incluía el cosquilleo intransferible del debut en Primera
de un pibe pobre de la Villa de Fiorito. El 20 de octubre de 1976.
Hace hoy 25 años. |
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JUAN CARLOS
MONTES
(D.T. de Argentinos Jrs.)
"Jamás imaginé que aquella tarde iba a quedar
en la historia del fútbol. Nunca pensé que ese
pibe de rulitos iba a ser el mejor del mundo en poco tiempo
más. Antes de entrar le dije que tirara un caño,
¡y lo hizo!". |
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JUAN
DOMINGO CABRERA
(Talleres de Córdoba)
"¡Cómo me voy a olvidar de ese caño! Es
más: cada día estoy más orgulloso de
haberlo recibido. Nuestro DT no nos había dicho nada
sobre él. En realidad, eran pocos quienes conocían
su potencial". |
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RUBEN
GIACOBETTI
(Argentinos
Jrs.)
"Diego tenía que jugar. La gente lo pedía y
hasta nosotros veíamos que él era diferente.
Por el cambio quedé en la historia del mejor del mundo
de casualidad, y bienvenido sea". |
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MIGUEL
GETTE
(Argentinos
Jrs.)
"Todo el mundo se acercó al vestuario
para felicitarlo, especialmente la gente de inferiores. Diego
puso una cara de felicidad que no olvidaré. Todos le
dijimos que la derrota no importaba". |
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HUMBERTO
MINUTI
(Argentinos Jrs.)
"Fue un caño terrible, pero no
sé si fue la primera pelota que tocó o no. Lo
que sí recuerdo es que Diego estaba cerca de uno de
los laterales". |
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