Daniel
Tilger metió el frentazo salvador para
Chicago, le empató a San Lorenzo y, como
cada vez que puede, se lo dedicó a Diego
Maradona, su ídolo. Fue sobre la hora
y se acordó de Diego. Y eso que él
es hincha de River...
Como
dice Vargas Llosa, en las tribunas nada está
más cerca de los aplausos que los silbidos.
Si el famoso escritor peruano hubiera estado
anoche en el Nuevo Gasómetro, tendría
que haber repensado su frase. Porque con Daniel
Tilger la mano se dio al revés. Hay que
reconocerlo: el delantero de Chicago venía
jugando para la mueca de los hinchas. Durante
todo el partido no había dado pie con
bola y la gente ya había empezado a perder
la paciencia. Pero en un segundo cambió
esas muecas por aplausos: otro pizarrón
de Madelón, córner corto para
Jara, centro del paraguayo desde la izquierda,
siesta de Paredes, y frentazo seco de Tilger,
que dejó sin chances a Ramírez.
Como ya es una costumbre, en el festejo, se
lo dedicó al Diego: se levantó
la camiseta y debajo tenía una remera
que decía Dios, con la cara de Maradona.
Primero fue derechito a la cámara de
América, y después volvió
caminando, mostrándole al mundo su ofrenda.
Quién sabe, tal vez Maradona, desde Cuba
y gracias a la tecnología, se emocionó
por el homenaje...
En
el brazo derecho, debajo de la camiseta 9 de
Chicago, lleva tatuada la firma del Diego, con
el clásico 10 debajo. Y, cada vez que
tiene la oportunidad, le demuestra todo su afecto.
Cuando con Unión dio el batacazo y le
ganó a River en el Monumental (29/05/2000),
no hizo un gol pero le dedicó el triunfo
a Maradona, que días antes había
vuelto a pisar una cancha de fútbol en
la despedida de Lothar Matthäus.
"Estoy
muy feliz por el gol, porque nos llevamos un
buen punto de esta cancha difícil. Ya
todos saben que el Diego es mi ídolo
y siempre que pueda le voy a dedicar mis goles".
Sigo con la idea de hacerle un monumento a Diego.
Habría que correr un poco el Obelisco.
A lo mejor algún día puedo cumplir
con esa meta y hacerle una como la que le hicieron
a Michael Jordan en Chicago. Yo empecé
a admirarlo por todo lo que hizo en el 79. A
pesar de ser hincha de River, fui a verlo cuando
debutó en Boca. En el 91, cuando ya me
había tatuado su firma en el brazo".